Exiliada de mis propias tierras,
busco
un dulce techo, unos brazos.
A veces ni llueve fuera
y aun así,
yo busco
un amplio ala, un asilo.
Para quemarlo luego
cuando siento que ya
no lo necesito.
Veintidós, Veintitrés, Veinticuatro, Veinticinco.
Y aun somos como niños
con lágrimas en las mejillas
y sosteniendo entre las manos
los restos
de un juguete roto.
No desfallezcas, cuaderno,
conozco tus horas de sed.
He de abrirme a este mundo
mas no te dejaré de ser fiel.
Quizá ya no vuelco
mi aliento en tus hojas
tanto como lo hice ayer,
pero estoy llenando mi alma
de vida que luego te inyectaré.
No te niego mis líneas,
ni mi amor, ni mi fé.
Éste es un guiso de cocción lenta
que sólo algunos sabemos comer.
As many
more now, I think
we need more than a poem.
But as my finest weapon
I will fence it
till the day I’ll die, as I did
from the day I was born.
I won’t ever resign
on this gift I was given,
I will always acclaim
for the voiceless omitted.